
Un virus informático es un programa capaz de duplicarse al adherirse a un archivo o software legítimo. Cuando se abre este archivo, el código malicioso se ejecuta y puede propagarse a otros elementos del sistema. Esta definición simple abarca una realidad más amplia: las amenazas actuales superan el virus clásico e incluyen ransomware, spyware o troyanos, agrupados bajo el término programas maliciosos (malwares).
Cyber Resilience Act: lo que cambia la regulación europea para sus dispositivos
El reglamento europeo sobre la ciberresiliencia (Cyber Resilience Act, o CRA), que entró en vigor el 10 de diciembre de 2024, modifica en profundidad las obligaciones de los fabricantes. Todos los productos que contengan elementos digitales vendidos en la Unión Europea (ordenadores, smartphones, dispositivos conectados, software de consumo) están afectados.
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Los fabricantes deberán asegurar actualizaciones de seguridad durante toda la vida útil esperada del producto, gestionar las vulnerabilidades de manera documentada y establecer un mecanismo de reporte de incidentes. A partir del 11 de diciembre de 2027, estos requisitos serán plenamente aplicables, con marcado CE obligatorio y notificación de las vulnerabilidades activamente explotadas.
Concretamente, un dispositivo comprado nuevo después de esta fecha deberá recibir parches de seguridad sin que el usuario tenga que buscar manualmente las actualizaciones. Es un cambio de paradigma: la responsabilidad de la protección inicial se traslada al fabricante. Recursos especializados como viruslab.fr permiten seguir la evolución de estas obligaciones y comparar las soluciones de seguridad adecuadas para cada tipo de dispositivo.
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Esta regulación no exime al usuario de toda vigilancia. Establece una base, no un escudo completo.

Superficie de ataque: entender los puntos de entrada de los programas maliciosos
Antes de elegir un antivirus o configurar un cortafuegos, es necesario identificar por dónde entra una amenaza. La superficie de ataque se refiere al conjunto de puntos por los cuales un programa malicioso puede acceder a un dispositivo. Cuanto mayor sea esta superficie, mayor será el riesgo.
En un ordenador, los vectores principales siguen siendo el correo electrónico (adjuntos engañosos, enlaces de phishing), las descargas desde fuentes no oficiales y los dispositivos USB infectados. En un smartphone o tablet, las aplicaciones instaladas fuera de las tiendas oficiales y las conexiones a redes Wi-Fi públicas no cifradas añaden vectores adicionales.
Reducir concretamente esta superficie
- Desinstalar las aplicaciones y software no utilizados: cada programa presente en un dispositivo representa una puerta potencial, especialmente si ya no recibe actualizaciones
- Desactivar los protocolos de comunicación no utilizados (Bluetooth, NFC) cuando no se utilizan, para limitar las conexiones no solicitadas
- Verificar los permisos otorgados a las aplicaciones móviles: una linterna que solicita acceso a los contactos y al micrófono indica un comportamiento sospechoso
- Priorizar el cifrado de los datos almacenados en el dispositivo, una opción nativa en la mayoría de los sistemas recientes
Reducir la superficie de ataque es un proceso continuo, no una acción única.
Antivirus y cortafuegos: dos capas de protección complementarias
Un software antivirus analiza los archivos presentes en un dispositivo y los que transitan por él. Compara su firma con una base de datos de amenazas conocidas y, en las versiones recientes, utiliza el análisis conductual para detectar programas maliciosos aún no catalogados.
El cortafuegos actúa en otro nivel: filtra las conexiones de red entrantes y salientes. Un programa malicioso que intente enviar datos robados a un servidor remoto será bloqueado si el cortafuegos está correctamente configurado. El antivirus protege los archivos, el cortafuegos protege los flujos de red.
Lo que el antivirus no cubre
Ningún antivirus detecta la totalidad de las amenazas. Los ataques de phishing se basan en la manipulación del usuario, no en un archivo infectado. Un enlace fraudulento que lleva a una falsa página de inicio de sesión bancaria no necesariamente activa una alerta.
Asimismo, las vulnerabilidades llamadas «zero-day» (fallas aún desconocidas por los editores) escapan por definición a las bases de firmas. Es precisamente por esta razón que la protección se basa en múltiples capas y no en una sola herramienta.

Actualizaciones del sistema y del software: el eslabón a menudo descuidado
Aplicar las actualizaciones de seguridad del sistema operativo y del software instalado corrige las fallas explotadas por los programas maliciosos. Una falla conocida no corregida sigue siendo el objetivo más fácil para un atacante.
Los sistemas operativos modernos ofrecen actualizaciones automáticas. Desactivarlas para evitar un reinicio expone el dispositivo durante todo el tiempo del aplazamiento. En los dispositivos móviles, la situación es más contrastada: algunos fabricantes dejan de proporcionar parches después de unos años, lo que el Cyber Resilience Act busca precisamente regular a partir de 2027.
El software de terceros (navegadores, lectores PDF, suites de oficina) merece la misma atención. Un navegador obsoleto es un vector de infección frecuente, ya que interpreta contenido web potencialmente engañoso en cada página visitada.
Copias de seguridad y segmentación: limitar los daños tras una infección
La protección no se limita a prevenir la intrusión. Un ransomware que cifra la totalidad de un disco duro hace que los datos sean inaccesibles, incluso si el dispositivo se limpia después. Sin una copia de seguridad reciente, la pérdida puede ser definitiva.
- Mantener al menos una copia de seguridad en un soporte físicamente desconectado del dispositivo (disco externo, memoria USB dedicada) para que un ransomware no pueda cifrarla al mismo tiempo que el sistema principal
- Utilizar una cuenta de usuario sin derechos de administrador para las tareas diarias, con el fin de limitar la capacidad de un programa malicioso para modificar el sistema
- Separar los usos personales y profesionales en sesiones o dispositivos distintos para evitar que una infección en uno comprometa al otro
La segmentación reduce el perímetro de impacto. Un virus que alcanza una cuenta sin privilegios de administrador no puede instalar un controlador ni modificar los archivos del sistema.
La protección de los dispositivos se basa en la acumulación de medidas complementarias, no en una solución única. Regulación, reducción de la superficie de ataque, software de seguridad, actualizaciones y copias de seguridad forman un conjunto cuya cada capa compensa las limitaciones de las otras. Un eslabón retirado debilita todo lo demás.